Una Comunidad Universitaria al Servicio del Desarrollo Humano Sustentable


Palabras del Dr. Raúl Díaz Casteñeda en celebración de 30 aniversario de FEVAL

El pasado Jueves la Fundación Educación Superior Valera (FEVAL) arribó a sus 30 años, con una celebración que comenzó con una Misa de Acción de Gracias en la Iglesia San Juan Bautista de Valera, homenaje Postmortem a los hombres que hicieron posible construir el sueño Universitario en Trujillo y para culminar un brindis y compartir en la sede Ateneo.

 

El Orador de Orden en esta actividad fue el Profesor Honorario Dr. Raúl Díaz Castañeda, quien en su significativo discurso hizo énfasis en el gran esfuezo de estos grandes hombres con todas las dificultades y obstáculos superados para finalmente obtener este fruto.

 

A continuación el Discurso completo:

 

Esta iglesia, que marcó el inicio de esta ciudad infatigable, consagrada a la protección del Bautista, el iluminado anunciador de la revolucionaria misión de Cristo, y creciente con radioso esplendor entre sus siete colinas, metáfora generosa de unos italianos nostálgicos que con ojos agradecidos veían en ella un reflejo de la lejana Roma, ha sido desde su primera piedra y sus varias resurrecciones, presencia permanente en la vigilia y en el sueño de sus habitantes, pecho maternal siempre abierto para un pueblo trabajador, voluntarioso, inquieto y buscador empecinado de caminos hacia logros superiores.


Esta ciudad, anillada por el padre rio de nuestras montañas, el todavía turbulento Motatán, y sus dos afluentes, el espumoso Momboy de José Domingo Tejera y Ana Enriqueta Terán, y el Colorado que desde Escuque arrastró emociones y olor de floración de cafetales; esta ciudad de cielos de luces sorprendentes, que con voces de encantamiento llamaron a la literatura y la poesía al niño que después sería nuestro mayor narrador, Adriano González  

 

León, y de lunas y mujeres de miradas en lejanía que se quedaron para la eternidad en los cuadros de Salvador Valero, y de vientos que desde los cerros de cabellera verde y pajarería apacigua en las tempranas mañanas su calurosa vestimenta, esta ciudad, Valera, urbe de Doña Mercedes Díaz, devota de San Juan, de la que no quedó retrato ni signatura, sólo voz, tuvo la suerte de nacer cuando languidecía la muy larga guerra civil de la independencia, que por el único bien de la libertad sacrificó los otros levantados a pulso por el trabajo y dejó sembrada dos de las que han sido más pesadas cargas del progreso armonioso del país: el militarismo autoritario y el caudillismo mesiánico, que es decir la fuerza bruta y la barbarie, que durante dos siglos ha yugulado con sus arbitrariedades la plenitud del crecimiento armonioso de la nación, impidiendo que avance en un proceso de equilibrio civilizado donde la inteligencia con probidad, actuando en un arco legal de justicia honrosa y respeto por la persona humana, sin odios atávicos y resentimientos vengativos, propicie la moral y las luces para hacer posible una comunidad nacional donde el avance social se por lo que el talento educado e instruido y el trabajo voluntarioso y eficaz conquisten en igualdad de oportunidades, para que sea posible un país que por encima de las armas privilegie una educación de objetivos superiores y sustentables para todos, un país depurado de violencia y corrupción que no tenga la desgracia de necesitar héroes, como advertía el dramaturgo marxista Bertolt Brecht, un país que no se deje arrastrar por las ideologías que al decir de Albert Camus, tienen las mismas funestas consecuencias de las pestes. Y justamente por eso, por haber nacido mas alla de la guerra magna, por esas razón fundacional profundamente histórica, Valera ha sido eminentemente civilista y abierta y generosa, una ciudad donde sus notables o hacedores, como con acierto los llamo nuestro gran cronista el padre Juan de Dios Andrade, han sido gente del mundo del espíritu, del trabajo y de la educación, rasgo que se refleja en las efigies levantadas en el Parque de los Ilustres: la fundadora imaginada, con una recóndita resonancia de tonos visionarios, un sacerdote que por excelencia fue educador de primer orden, un historiador y geógrafo que dedicó su vida a la construcción de buena ciudadanía, y un poeta que con su madre estuvo siempre al lado de los sufridores, y quedan en ese parque dos pedestales vacíos donde algún día deberían estar Ana Enrique y Adriano , altísimas figuras de las letras nacionales.


Siguiendo esa tradición civilista de la ciudad, estamos hoy aquí, en la iglesia de San Juan, la casa de todos, recordando con agradecimiento lo que en su momento hicieron hace 30 años varios hacedores convencidos de que el progreso que no se sustenta en la educación, el trabajo y la conducta pública recta y limpia, no da frutos buenos ni durareros, pudiendo en el peor de los casos llevar a la indignidad, la mendicidad y la esclavitud social. Hace 30 años se pensó que Valera estaba llamada aafrontar el reto de la educación superior, sin tutelajes ni dependencias ni ideologías demagógicas. Y para eso, como tantas veces antes en otros proyectos locales de emprendedores, se creó la Fundacion para la Educación Superior de Valera (FEVAL)que tras sostenidos esfuerzos dio origen a la Universidad Valle del Momboy, nuestra universidad regional, la innegable significación en los niveles tercero y cuarto de la educación en nuestro Estado, y extramuros comprometida con el desarrollo social y cultural de nuestra región. Esos hacedores civiles de entonces fueron en su primera etapa el doctor Ramon Vielma Briceño, figura paradigmática de la medicina bondadosa y de la cultura de Valera, mediador para el enlace con la Universidad Rafael Urdaneta delEstado Zulia, que dio origen a una extensión de esa casa de estudio en nuestra ciudad, con el apoyo de dos gobernadores de Trujillo, el doctor Omar Higuera y el profesor Eleazar González, que conscientes de la significación a largo plazo del proyecto, le brindaron incondionalmente su colaboración, con el mismo entusiasmo del doctor Eloy Párraga Villamarín, gobernador del Zulia y rector fundador de la Universidad Rafael Urdaneta. Y en una segunda etapa la de consolidación del proyecto, tuvieron una actuación definitoria el doctor José D´Albenzio Tálamo, primer presidente de FEVAL y promotor del nacimiento de la Universidad Valle delMomboy, el señor Orazio Di Rosa Giunta, tesorero de la Fundación, el extraordinario trujillano doctor Miguel Ángel Burelli Rivas, primer presidente del Consejo Superior de la Asociación Civil Universidad Valle del Momboy y don Giácomo Clérico, que aquí en Valera comenzó su extraordinaria carrera de empresario constructor de obras civiles de la gran envergadura para todo el país, presidente de FEVAL por varios periodos y soñador realizador del bonito campus de Tempe, en el sector San Isidro de Mendoza Fría, quien además otorgó en comodato la sede Mirabel de la UVM, que sus herederos honrado su palabra se comprometieron en dar esa propiedad a esta Universidad, que era lo mismo que donársela a Valera.


Eso es lo que nos convoca a esta ceremonia, en esta catedral tutelar, porque la iglesia de San Juan es la Catedral de Valera, aunque su vicario no sea obispo. Honor, pues, para todos ellos. Que aquí queden y floten aleccionadores por su ejemplar ciudadanía útil e impecable trayectoria civilista los nombres de esos hacedores, Ramón Vielma Briceño, José D´Albenzio Talamo, el generoso don Giácomo Clérico Bertola, el muy distinguido Miguel Ángel Burelli Rivas, Orazio Di Rosa y los gobernadores Omar Higuera y Eleazar González de Trujillo, y Eloy Párraga Villamarin del Zulia.


Todo ese esfuerzo de varios años venciendo dificultades y sorteando obstáculos, pero abonado por el pleno convencimiento de que lo que de una vida queda es el bien que sin egoísmo se repartió para beneficio de todos, fructificó en las manos hacendosas, inteligentes, creativas y hondamente lugarizadas del rector fundador de la Universidad Valle del Momboy, geógrafo Francisco González Cruz, a quien también la región trujillana debe reconocer como uno de sus grandes hacedores.



Raúl Díaz Castañeda