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ASÍ ES TRUJILLO


ASÍ ES TRUJILLO
Francisco González Cruz


Trujillo es una tierra de lugares, de paisajes, de pueblos y caseríos, en una dispersión de casas y caminos que ocupan sus siete mil cuatrocientos kilómetros cuadrados y habitan cerca de setecientos mil habitantes, en el marco de una geografía de amplios contrastes y de gran biodiversidad.


Es la puerta de entrada a Los Andes desde el norte y goza de la misma complejidad geográfica de la cordillera, con sus escarpadas cumbres, sus hermosos valles altos y sus amplias llanuras que van al Lago de Maracaibo. Sus helados páramos cubiertos de frailejones, aquí y allá frescos valles y vertientes multicolores cultivados de hortalizas y de verdes cafetales. Y en las zonas cálidas los extensos pastizales, cañamelares y frutales.


Trujillo es una región de hermosos pueblos que, repartidos por todas partes, fueron hechos como joyas encastadas a ahorcajadas de alguna cima, pegados a una vertiente o cómodamente instalados en una terraza construida por sus numerosos torrentes.


Trujillo es ambiente rural, de siembras y ganados, de mercados agrícolas, de labradores y de fiestas campesinas. De artesanos y artistas populares que tallan la madera, moldean el barro y tejen las fibras en multicolores objetos.


Es una región de gente católica practicante y en cada lugar destaca su iglesia generalmente colmada de fieles, con sus cofradías, sus procesiones, sus fiestas a la Virgen de la Paz, patrona de la ciudad capital. San Isidro es el patrono de los agricultores y en todas partes se celebra su fiesta el 15 de mayo, en una pintoresca romería donde se bendicen animales y productos de la tierra. San Benito es el santo negro y sus tambores resuenan en diciembre y enero en toda la zona llana. San Juan, San Pedro, San Pablo, San Roque, Santiago, La Virgen de la Candelaria, el Santo Niño Jesús de Escuque y muchas otras patronas y patrones llenan de celebraciones el calendario de los caseríos, pueblos y ciudades.


Trujillo es la tierra natal del Dr. José Gregorio Hernández, la persona más conocida y más querida de los venezolanos, por su vida ejemplar como hijo, hermano, estudiante, maestro, científico, médico y por sus virtudes heroicas como cristiano. En Isnotú, en el mismo lugar donde nació, existe un santuario que atrae cientos de peregrinos de toda Venezuela y del exterior, que vienen a dar gracias por los favores recibidos.


Trujillo es ahora también tierra petrolera y la zona vecina al Lago de Maracaibo se llena de torres de perforación, de oleoductos, de campamentos y de toda la infraestructura tan propia de esos paisajes.


Trujillo es, a decir de los cronistas antiguos y recientes, una comunidad “fuerte y pacífica” (Rafael Ramón Castellanos), “una comunidad organizada” y su nombre tiene una evocación “de trabajo, de lealtad, de bien, de hermandad por encima de todo, proclives, siempre, a la colaboración con los demás, al fomento de ideales de solidaridad”(Mario Briceño Perozo). La gente es “toda bien dispuesta y de buen parecer” (Fray Pedro Simón), “muy lucida y bien agestada”(Fray Pedro de Aguado) y que “...basta saber que uno ha nacido en Trujillo, para que en la común estimación sea reputado como de afable natural, de noble trato y de una intención sana y sin malicia”(José de Oviedo y Baños).


La geografía trujillana es de suyo compleja y variada. El Ramal de Calderas y el Ramal del Rosario separan a la entidad federal de los Altos Llanos Occidentales. La sierra de Trujillo que es la columna vertebral del territorio, un poco sesgada al este, separa las tierras boconesas, de las del río Motatán o río de los “stimots”. Entre estas dos moles, la tectónica y el impetuoso trabajo de los ríos Burate y Boconó, han conformado un estrecho pero hermoso valle que recoge todas las aguas de estas vertientes para írselas a entregar al Orinoco.


La sierra del Norte o de La Culata separa al valle del Motatán de las fértiles tierras de la planicie del Lago de Maracaibo. De uno y otro lado las aguas se van reuniendo para irse a alimentar el lago. Al norte desde el “Alto de Nunca Jamás”, pasando por las Cumbres de Parajá hasta el cerro Tucumán, conforman un conjunto de elevaciones que cierran el territorio trujillano por el norte, pero permiten entre sus depresiones, ríos y quebradas que como la de Agua de Obispos y Villegas, llevan sus aguas al Golfo Triste del Mar Caribe.


Desde estas serranías avanzan a sus costados diversas ramificaciones que complican las narraciones y enriquecen los paisajes. Por sus numerosos valles corren las aguas de la quebrada de Esnujaque, la de Tuñame y de Durí, la Quebrada Grande, el río Momboy, el río Escuque, la quebradas de Cabimbú y Cuencas, el río Jiménez o San Lázaro, el Castán y el Mocoy, el Monaicito con las quebradas La Vitú y Visupite, la quebrada de Timiache, el río Burbusay, el río Cendé, el Carache o Misnumboc, el río San Antonio, la quebrada de El Socorro, el Saguás, el río Pocó y Monte Carmelo, el Buena Vista, el Caus, La Vichú y de La Arenosa, entre otros. Son valles que ofrecen sus vegas y laderas para que la gente construya sus casas y sus caminos, levante sus poblaciones, realice sus actividades y vaya lentamente construyendo sus lugares.


Cada uno de estos paisajes tiene su particular unidad, su propio clima, sus formaciones vegetales, sus colores, su gente, sus tradiciones y su manera de ser. Incluso sus rivalidades. Es decir, tiene una identidad. Son cada uno de ellos elementos con características específicas propias, pero que comulgan con la heterogénea unidad que conforma la geografía trujillana.


La identidad trujillana está bien definida en un territorio que ya contenía una unidad cultural en tiempos prehispánicos – la Nación Cuica – sobre la cual se implanta la colonización española que mantiene una cierta entidad, dada la sólida presencia de una ciudad tempranamente fundada – Trujillo, la primera de los Andes Venezolanos en 1557 – y el celo con que sus habitantes defendieron su unidad y su autonomía como entidad provincial.


Los Cuicas, cuyo nombre significa “hombres, hermanos” eran personas muy organizadas, solidarias y trabajadoras, que vivían en las tierras medias y altas en diversas comunidades de agricultores (cultivaban maíz, papa, yuca, ocumo, güaje, apio, batata, tabaco, cacao, entre otros) y artesanos con una lengua en común, lo que les daba una clara identidad. Muchos de los nombres de lugares y comarcas recuerdan los nombres de las principales tribus o de sus jefes: Boconó, Mucas, Tonojó, Monay, Tirandá, Mitisú, Marajabú, Isnabús, Estiguates, Tostós, Niquitao, Burbusay, Carache, Chejendé, Miquimbós, Jajó, Durí, Esnujaque, Escuque, Isnotú, Mosquey, Moporo, Tomoporo, Betijoque y muchos otros.


Esta tierra atrajo temprano a los conquistadores y el 9 de octubre de 1557 fue fundada Nuestra Señora de La Paz de Trujillo en el sitio de los escuqueyes (hoy Escuque) y luego de andar errante por varios lugares encontró su asiento definitivo en el valle de Los Mucas. La colonia, sobre todo en los primeros tiempos (siglos XVI y XVII), fue de una febril actividad. Trujillo era uno de los 17 Partidos Capitulares de la Provincia de Venezuela y existían los cabildos de blancos y de indios. “El de Trujillo es el primer cabildo de la Cordillera” afirma el Dr. Mario Briceño Perozo. Fue tal la prosperidad de la ciudad que atrajo la avaricia de los piratas y corsarios. En 1666 el francés Le Olonais la trata de asaltar pero sus valerosos defensores la salvan. Doce años después, en 1678, el pirata Francisco Esteban Granmont de la Mote logra entrar a la cuidad y la saquea e incendia con particular crueldad.


Para los años cuando se inicia la gesta de la independencia, la entidad había recuperado gran parte de su prosperidad y aquí encuentran terreno fértil los aires de libertad. El 9 de octubre de 1810, a doscientos cincuenta y tres años de la fundación, el Cabildo de Trujillo convoca una asamblea de ciudadanos para escuchar a fray Ignacio Álvarez, natural de Escuque y Párroco de Betijoque, quien disertará sobre los sucesos de España y sus repercusiones en Venezuela. Luego del debate correspondiente, los allí presentes declaran la autonomía de la provincia de Trujillo, designan un Cuerpo de Electores y éste designa la Junta Suprema de la Provincia de Trujillo. Un mes después eligen al Diputado que representará a la nueva Provincia en el primer Congreso Constituyente de Venezuela y allí Trujillo se gana la estrella que ostenta en la Bandera Nacional.


El primer Congreso Provincial de Trujillo se instala en el mes de agosto de 1811 y el 2 de septiembre de ese mismo año, en la Sala Consistorial de la ciudad, se proclama la “Constitución Provincial de Trujillo”, tres meses antes que la primera Constitución Nacional.


Los trujillanos pagaron caro su adhesión a la causa independentista y en los primeros años de la guerra ya cuenta con numerosos mártires, la mayoría de ellos protagonistas de los sucesos de octubre de 1810. Trujillo es escenario de grandes acontecimientos y el propio Libertador General Simón Bolívar lo visita en cuatro oportunidades: en 1813, en 1820 y dos veces en 1821. Destacan por su importancia los combates en la Campaña Admirable en El Colorado (cerca de Escuque), en Betijoque, Ponemesa, Agua Santa, El Cequión, en Agua de Obispos, y en particular la Batalla de Niquitao. En la ciudad de Trujillo, el día 15 de junio de ese año, Bolívar dicta la famosa “Proclama de Guerra a Muerte” en la casa de Don Jacobo Roth, donde hoy funciona el Centro de Historia con un importante museo. El 25 de noviembre de 1820 son suscritos los Tratados de Trujillo de armisticio y de regularización de la guerra, los cuales son ratificados dos días después por el General Simón Bolívar y el General Español Pablo Morillo, en el pueblo de Santa Ana. En 1821 se reúnen en la ciudad de Trujillo el General Bolívar y el obispo de Mérida, Dr. Rafael Lasso de la Vega, en la primera reunión oficial entre la jerarquía de la Iglesia Católica y el líder de la independencia.


Luego de consolidada la nueva República, la gente trujillana no encuentra sosiego y son los caudillos locales los que llenan de violencia las tierras trujillanas, hasta principios del siglo XX, cuando el Dictador Juan Vicente Gómez impone la paz. Son famosos los caudillos trujillanos, entre los cuales se destacan el General Rafael Montilla llamado “El Tigre de Guaitó”, el General Juan Bautista Araujo “El León de la Cordillera”, los Doctores y Generales José Emigdio González, Rafael González Pacheco, Francisco Vázquez, Rafael Gabaldón y Leopoldo Baptista. La historia reciente está dominada por el proceso centralista del modelo petrolero rentista, que significa para este estado una persistente emigración selectiva.


Trujillo es reputado por su cultura y por el destacado relieve de sus intelectuales, El “Estado Ateneo” se le dice gracias a sus numerosos ateneos, todos nacidos y sostenidos por su comunidad cívica, entre los cuales destacan el Ateneo de Trujillo, el de Valera, el de Boconó, el de Betijoque, el Ateneo Urdaneta de La Quebrada, la Institución Escuqueña, el de San Lázaro, el de La Mesa de Esnujaque, entre otros.


Es larga la lista de sus intelectuales, entre los cuales se citan: el Dr. José Gregorio Hernández, Rafael Rangel, Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, Mario Briceño Iragorry, Arnoldo Gabaldón, Joaquín Gabaldón Márquez, Rafael María Urrecheaga, Caracciolo Parra y Olmedo, Américo Briceño Valero, Amílcar Fonseca, Eusebio Baptista, Laudelino Mejía, Mario Briceño Perozo, Aura Salas Pisani, Miguel Ángel Burelli Rivas, Arturo Cardozo, Hernán Méndez Castellano, Emigdio Cañizalez Guedez, Rafael Ramón Castellano, Asdrúbal Colmenares, José Antonio Abreu, Ana Enriqueta Terán, Adriano González León, Francisco Pérez Perdomo, Antonieta Madrid, Oscar Sambrano Urdaneta, Antonio Luis Cárdenas, Marcos Miliani y muchos otros.


Los creadores populares pintan, tallan, tejen y moldean multicolores obras de arte que han dado fama a Trujillo y la convocatoria de la Bienal “Salvador Valero” los reúne para admiración de todos. Entre los más destacados se cuenta a Salvador Valero, Antonio José Fernández “El Hombre del Anillo”, Rafaela Barone, Josefa Sulbarán, Lorenza Bastidas, Adhemar González, Eloisa Torres, Carmen de Torres, Gregorio Mendoza, Rubén Briceño, Nabor Terán, Manuel Torrealba, Marcos Sánchez Baroni y muchos otros.


Trujillo ofrece al país gran variedad de hortalizas, tubérculos, frutas y flores propios de climas frescos, además de café y caña de azúcar. En sus dilatadas zonas bajas produce carne y leche de buena calidad, así como sus renombrados quesos. Así mismo es importante productor de sílice, caliza y arcillas y sus derivados de envases de vidrio, cemento y materiales de construcción. Los hidrocarburos representa un potencial de producción de alrededor de doscientos mil barriles diarios de petróleo liviano y cuenta con altas reservas de gas.


El turismo puede ser una importante actividad económica gracias a su rica variedad paisajística, apreciada herencia cultural, la red de pueblos típicos, sus sitios históricos, sabrosa gastronomía, aguas termales, la presencia del Venerable Dr. José Gregorio Hernández, el Monumento a la Virgen de la Paz, las fiestas tradicionales, artesanía y muchos otros atractivos. El baile folklórico más popular es el de San Benito, particularmente en la llamada “Zona Baja” y es una alegre parranda decembrina de numerosos tambores llamados “chinbángueles”, a cuyos golpes bailan todos. Las Locainas son bailes done se teje con multicolores cintas una larga vara y los bailarines van disfrazados de diversos personajes. El Baile de los Enanos y La Muñeca de La Calenda proviene los ritos de los indígenas que habitaban lo que actualmente son los pueblos de Santiago y San Lázaro. Los pesebres, las Misas de Aguinaldos, la Natividad y luego las “paradas o búsquedas del Niño” alegran diciembre y enero. La Fiesta de los Reyes Magos es famosa en San Miguel de Boconó, así como la del Niño Jesús de Escuque el 14 de Enero. La Semana Santa viviente es tradicional en Tostós y también se celebra en Tres Esquinas (cerca de la ciudad de Trujillo), La Quebrada y otros lugares. La celebración del carnaval en muy vistosa en Boconó, por los desfiles de carrozas y en la ciudad de Trujillo por los vestidos de fantasías en los bailes del Club de la ciudad.


Trujillo es buen lugar para comer. Entre sus platos destacan los tradicionales pollos a la brasa con mojo trujillano, arepa y cuajada de Trujillo, los panes y amasijos de Boconó, las acemas caracheras, las carabinas (hallaquitas de caraota) de Mendoza Fría y de Quebrada de Cuevas, las chulas de Niquitao, las roscas de agua de La Puerta, el queso ahumado en los páramos y el ají trujillano en todas partes. Con al Apio Criollo se hacen maravillas como cremas y dulces. La sopa de arvejas es tradicional, así como la pisca y diversos tipos de sancochos. En postres destacan los dulces de zapallo o “cabello de ángel”, las conservas de sidra, el “currechete” (dulce de papelón con queso que se sirve el día de San Juan Bautista) y luego de un buen condumio, viene el cafecito colado.


Gente amable y culta, hermosos paisajes, pueblos típicos, sabrosa gastronomía, variada artesanía, generosa biodiversidad, ricas tradiciones, aguas termales, lugares de culto, Trujillo es, en fin, una tierra de espléndidos y múltiples lugares.