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VALERA


ASÍ ES VALERA
Francisco González Cruz


Valera es la principal ciudad del estado Trujillo dado el tamaño de su población y su movimiento económico. Es moderna, dinámica y progresista, un tanto anárquica pero de gente emprendedora y gentil. Está cerca de todos los lugares trujillanos, de todos sus climas y todos sus paisajes.


Su nacimiento y posterior crecimiento se debe a las ventajas que ofrece la presencia de determinados factores geográficos que la hacen un lugar de encrucijada de las rutas que bajan de los páramos, de las que suben desde el sur del lago de Maracaibo y de su costa oriental, y de las que vienen desde las tierras norteñas de Monay, Carache y Carora.


La meseta que con sus fuerzas construyeron el Motatán, el Momboy y el Escuque, así llamados cada uno en el idioma de los timotes o de los cuicas, estaba aquí por lo menos desde el pleistoceno, hace varios millones de años, sin embargo ninguna de las familias indígenas se animaron a poblarla, mirándola a lo lejos desde Estovacuy o desde El Quibao.


Llegaron los hombres de a caballo fundando y poblando pueblos y durante trescientos años cruzaron la meseta muchas veces, camino de Trujillo o de Escuque fundadas en 1557, de Burbusay fundada en 1549, de Carache fundada en 1561 o de La puerta, llamada así porque era el lindero entre la jurisdicción de El Tocuyo y la de Santafé de Bogotá, pero no se detuvieron y nunca levantaron un poblado. Por eso el nacimiento de Valera no tiene la noble hidalguía de Trujillo, o Mérida o San Cristóbal.


Espera la dilatada terraza que la patria comience su doloroso y sangriento proceso emancipador para dar sus primeros pasos. Una casa aquí, otra allá, luego una bodega, una posada y así poco a poco comienza las primeras casas y veredas, sin plano, sin normas, sin fundador y sin permiso. Alguien construye un pequeño templo y alrededor se trazan las primeras calles alineadas, siguiendo el trazo de los caminos que se cruzan y la lógica de la topografía.


Es apenas en 1820 cuando Su Señoría Ilustrísima el Doctor Rafael Lazo de la Vega, Obispo de la Diócesis de Mérida de Maracaibo, crea la parroquia eclesiástica de San Juan Bautista y fija sus límites. Dos años antes, el 25 de agosto de 1818 los herederos de Mercedes Díaz ratificaron la donación - que esta había realizado de palabra - de cien varas en cuadro para construir una Iglesia y “principiar” la población y un año antes, gracias a las gestiones del Dr. Gabriel Briceño de la Torre, el señor Reyes Terán - hijo de Mercedes - y Candelaria Díaz - sobrina - ceden a la Iglesia dos cuadras y media el primero y doscientas noventa y cinco varas (casi tres cuadras) la segunda con el fin de delinear el pueblo y vender solares para “construir edificios” en la nueva población.


Tres mil trescientos ochenta y siete habitantes se atreven a vivir aquí en 1887, cuando ya Trujillo había cumplido trescientos treinta años. En 1936 ya tenía 11.300 habitantes y en 1950 se había duplicado su población a 21.000 personas para volverse a multiplicar por dos en 1961 con 46.000 habitantes. La misma cantidad que Mérida y más que Barinas. El Censo de 1971 registra 70.000 habitantes, el de 1991 unos 120.946, el de 2001 un total de 133.052 y el de 2011 cerca de 150.000.


La localización geográfica explica la vocación económica particular de Valera, pues nace en la más importante encrucijada del Estado Trujillo, donde el valle del Motatán se hace ancho para recibir a los valles del Escuque y del Momboy, cerca de donde vienen a reunirse también el Jiménez y el Carache, justo a las puertas del abra de Agua Viva, que los comunica con las ubérrimas tierras vecinas al Lago de Maracaibo y por ese lago con las rutas que van a Maracaibo y a otras tierras lejanas. Es el encuentro de las rutas de las tierras frías con las de las tierras calientes.


La ciudad se cierra al sur, al este y al oeste con las altas montañas de la Sierra de Trujillo, de la Culebrina y de la Culata pero se abre al norte por el valle del Motatán.


Este valle abierto a las comunicaciones de los cuatro puntos cardinales es el centro del mapa de Trujillo y reúne casi a equidistancia los más importantes centros poblados de una dilatada área de influencia que se extiende más allá por el sur hasta el Pico del Águila, hasta Caja Seca en las tierras surlacustres, hasta Mene Grande en la costa oriental del lago de Maracaibo, hasta La Libertad en el norte hacia la tierra larense y hasta Biscucuy en la ruta de los llanos.


A las favorables ventajas de su posición de lugar central se une la del sitio propicio para el asentamiento urbano, pues Valera se asienta en una dilatada terraza en dirección sur-norte y que luego se extiende por las vegas del Motatán hacia el norte, por el hermoso aunque estrecho valle del Momboy al sur, por la alta meseta de Carvajal al este y por los planos inclinados del oeste hacia Escuque, Sabana Libre y demás centros poblados aledaños.


También el clima es favorable pues Valera se halla a una altitud de 547 m.s.n.m. y a una latitud norte de 9° 19'30" corresponde al tipo “tropical montano bajo” y los vientos descendentes de la cordillera refresca la temperatura que varía entre los 24° y 25°, con extremas máximas que no pasan de 36° y mínimas extremas no bajan de los 15°.


En Valera llueve en promedio unos 1.016 mm. al año y se concentran en abril y mayo y en octubre y noviembre, aunque cualquier día puede caer un buen chaparrón. La vegetación en consecuencia es de un verde siempre permanente. Sus montañas aledañas exhiben bosques y cultivos que alegran la vista. En febrero las flores de los bucares adornan de grana los paisajes.


Las condiciones de localización y de emplazamiento permiten a la ciudad de Valera desarrollar sus funciones como centro de comercio y de servicios y de un incipiente y a veces audaz desarrollo industrial. La expansión económica del país principalmente en las seis primeras décadas del siglo XX le permiten a la ciudad un elevado crecimiento urbano, que sin embargo la ciudad no supo prever con adecuados planes de desarrollo urbanístico.


La ciudad creció a expensas de otros pueblos y de los campos trujillanos. Para muchos fue un lugar de paso mientras se preparaban para alimentar la diáspora de los hijos de Trujillo, que buscaban afuera las condiciones socioeconómicas que no encontraban en su tierra.


Valera por muchos años fue una ciudad en plena expansión, incluso pionera en determinados servicios. Su comunidad cívica era ejemplar. Sus mejores obras fueron de iniciativa privada, como su nacimiento, hasta el punto que sus ciudadanos veían con desdén el ejercicio de la actividad pública. Hasta se dio el caso que mudada la capital para Valera por decisión de Cipriano Castro, aquí ni encontraron casa de alquiler para ubicar la Gobernación y los otros poderes públicos.


Valera estaba entregada a servir a las demandas de comercio y servicios que le exigían sus propios habitantes y los de su área de influencia. Incluso sus prósperos comerciantes eran tan hábiles que llegaban a competir en determinados rubros con ciudades tan consolidadas como Maracaibo y San Cristóbal. Incluso varias de las mejores casas comerciales de esas capitales regionales se fundaron desde la iniciativa de los industriosos trujillanos.


A lo largo de los años prósperos y gracias al dinamismo de sus clases dirigentes y a su comunidad cívica en la ciudad se crearon importantes instituciones como la Cámara de Comercio, la Fratellanza Italiana, el Ateneo de Valera, diversas organizaciones de desarrollo cultural, social, deportivo y productivo. Se construyeron edificaciones que ahora son emblemáticas de la ciudad como la Plaza Bolívar, la Iglesia de San Juan Bautista, la Plaza Sucre, la de los Ilustres, el Comedor Popular, el Hospital La Paz, el Liceo Rafael Rangel, el Hospital Central, la Escuela Eloísa Fonseca, la Zona Industrial, el Colegio Salesianos y otras obras de calidad para solo mencionar algunas.


Valera tiene un enorme potencial pero exige políticas públicas que estimulen su economía, ordenen su territorio y construya la infraestructura adecuada. El espíritu emprendedor de sus ciudadanos abre esperanzas de una ciudad moderna, dinámica y progresista.


Algunas particularidades identifican a la ciudad. De su topografía en una extensa terraza emergen siete pequeños cerros, que son restos de las terrazas más antiguas y que fueron erosionadas por la acción fluvial, por eso se le llama – como a Roma – “la ciudad de siete colinas”. Estas son: Morón, La Cruz, El Cementerio, La Ciénaga, La Cabaña, La Pollera y La Concepción. Actualmente son asentamientos urbanos muy inestables, pero podrían espacios urbanos de calidad, con un mejoramiento de las viviendas y un tratamiento paisajístico que las convertiría en siete miradores dispersos en los cuatro puntos cardinales. Imaginemos los siete cerros sembrados con berberías o trinitarias de diversos colores.


El Santo Patrono de la ciudad es San Juan Bautista y el templo, que los valeranos le dicen pomposamente “Catedral”, es una elegante edificación de estilo gótico, que tiene unos hermosos vitrales traídos desde Múnich. Diseñada por el sacerdote jesuita Luis Gogorza, su construcción se inició en el año 1927 y culminó 26 años más tarde en 1953. Se dice que es la iglesia más alta de todos los Andes venezolanos.


La “Casa de la Carmania”, declarada Monumento Histórico de la Nación, es una vieja casona que fue casa del Padre Francisco Antonio Rosario, hombre culto, santo y patriota, amigo del Libertador Simón Bolívar. En esa casa se alojó el Padre de la Patria los días 11, 13 y 14 de Junio de 1813, el 6 y 7 de Octubre de 1820 y el 28 de Febrero y 1 de Marzo de 1821). Se dice que en esa casa Bolívar concibió su Proclama de Guerra a Muerte.


El valle del Momboy - que en idioma de los antiguos Cuicas (moradores precolombinos de estas tierras) significa "Río de Espumas" - es un pequeño valle muy hermoso, de agradable clima y dilatada importancia histórica. Se localiza inmediatamente al sur de la ciudad y sus principales centros poblados son Mendoza Fría y La Puerta. Es uno de los principales destinos turísticos del estado Trujillo y tiene una buena dotación de instalaciones hoteleras, posadas, restaurantes y otras instalaciones recreativas. Allí la Universidad Valle del Momboy está edificando su campus principal y tiene un atractivo parque botánico.