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Quisiera iniciar estas palabras, en este acto de entrega formal del Vicerrectorado de la UVM, compartiendo con ustedes una reflexión que sólo se me vino a la mente el día de la sesión del Consejo Superior donde nombraron a las autoridades universitarias para el período 2010-2014. Debo decir, que reflexionando sobre estos años de servicio al frente del Vicerrectorado, la primera conclusión a la que he llegado, es que este tiempo como Vicerrector me ha enriquecido tanto profesional como personalmente. Gracias a la oportunidad que siempre me brindó el Rector, hoy conozco mucho más la variada potencialidad de nuestra Universidad. He aprendido a entender a fondo la visión, la misión y los valores que nos dimos, a apreciar las diferentes facultades, carreras y decanatos, con sus diversas culturas, sus particularidades, sus fortalezas, sus acentos comunes y su complementariedad. Esta alta responsabilidad que se me dio, me ha permitido relacionarme con profesionales de la Universidad de alta competencia tanto en el orden académico como en los servicios, compartiendo la gestión emprendida, y sobre todo relacionándome con los profesores y los alumnos. Quizás sea de esto de lo que más orgulloso me siento, nunca había tenido la oportunidad en la vida de llegar a tantas personas, sentirme compañero de trabajo de todos y sentir el aprecio de muchos. Es todo un privilegio que el ejercicio de este cargo me proporcionó y estoy seguro de que mi sucesora también lo sabrá aprovechar.
En dos momentos de mi vida he entendido a cabalidad a Einstein y su teoría de la relatividad. El primero, es sólo un mal recuerdo en la salud, que gracias a Dios y a San Rafael de la Piedrita, y a los controles médicos está superado; y el segundo es que el tiempo de vida es largo en su quehacer y el tiempo institucional un quehacer muy corto, pues, los trece (13) años que vamos a cumplir, hacen de la UVM una universidad adolescente sin mayoría de edad y que comparada con las más antiguas del país, es apenas un pequeño tramo de camino recorrido. Entonces, el tiempo lo relativiza todo, incluso los momentos malos y duros (que como es lógico también los he vivido), pero estos se van quedando en el olvido. Ahora es momento de recordar los buenos y sobre todo de agradecer a todas las personas que han sido responsables de que existan.
Permítanme entonces, un breve esbozo de balance académico, en la que se produce la entrega de este testigo.
La Universidad Valle del Momboy, como lo indiqué antes, cumplirá en octubre 13 años. Esta existencia comprende dos etapas. La primera de ellas, que significó para nosotros el antecedente universitario previo, como lo fue la Extensión Valera de la URU (si sumamos este período estamos hablando de 21 años). Esa etapa que cumplimos con verdadera vocación de aprendizaje para precisamente aprender a gestionar una institución de educación superior y entregarnos al servicio de la sociedad trujillana y, en general, de la nación. Y la segunda, es una etapa mucho más hermosa, porque aún la cabalgamos, es una etapa de inicio, de desarrollo, de pasar la barrera de los 1.000 (mil) alumnos, es una etapa briosa, pero con un viento suave que baja de los páramos, que es un viento honesto pero firme, que hace mover el enorme higuerón para brindar con calidez la sombra a aquel que se nos acerca. Hoy tenemos mucho que mostrar, mucho que decir, mucho que evaluar, mucho que reconducir también. Es enorme la base que tenemos para servir de soporte en la construcción de los siguientes peldaños.
Cuando uno piensa en la importancia de la UVM, en el auge que tiene, en su consolidación de hoy día que significa garantía de permanencia en el mundo universitario, llena mucho escuchar lo que dice la gente de cualquier lugar de esta ciudad o sitios geográficos aledaños, cuando lo identifican a uno afirman frases como las que cito: “La UVM es una buena Universidad”, “Mi hija es lo que es, gracias a la formación que recibió en la UVM”, “La UVM, asumió el rol de la Universidad de Trujillo”, “La UVM, asume los retos, incluso fuera de Trujillo, porque no es un elefante blanco”. Eso es lo que nos dicen, y eso tenemos que saberlo difundir por todos los medios. Jesús animaba a sus discípulos a proclamar la Buena Noticia en las azoteas, no cabe duda, que hoy colgar en la red nuestras noticias, nuestros avances, nuestros retos, es un modo moderno de proclamar el tránsito histórico de la UVM.
Pero también los docentes son una fuente importante para calibrar la Buena Noticia de la UVM. Un primer grupo nos dice que “somos un proyecto humanizador, con calidad profesional, con capacidad de formación”, otros señalan que “es una organización dinámica, joven y de emprendimiento” y otros dicen que en la UVM, es “calidad trabajar en ella”, y para poner un broche de oro, la frase más tocante que he recibido es esta: “creo que ustedes han enrumbado a la UVM, como el proyecto socio-educativo más importante de Trujillo”.
Animado por estas expresiones, que alientan tanto, sólo me atrevo a decirles que en la UVM hemos consolidado el modelo de Currículo Integral, que es el más avanzado –a mi modo de ver- en las Ciencias de la Educación, por ser flexible, dinámico, rico en experiencias innovadoras, que nos permite transitar hacia otros rumbos sin desorientación, por eso creo que estamos bien, que estamos en lo cierto, que nuestra obra funciona y es necesario mantenerla firme para que perdure. Como bien pueden apreciar, estoy tratando de mostrar sólo lo consolidado, pero es menester decir, que también lo que aún falta por resolver positivamente, también anima, porque nos mueve a seguir atentos al dinámico devenir, por ejemplo, consolidar las líneas y líderes de investigación, las comunidades de aprendizaje, que ayuden a fortalecer más los perfiles de cada carrera, interiorizar la orientación y la consejería como parte de la praxis docente. Estas tres cuestiones las entrego con mucha debilidad, como puntos a mejorar.
Entregar un testigo en el atletismo, es entregar un objeto de un corredor a otro, tiene que esmerarse mucho el primero para que al recibirlo el segundo puedan triunfar, porque triunfan los dos. El testigo que le entrego, está conformado por estos profesionales que están al frente de las distintas unidades que conforman el organigrama del Vicerrectorado, ellos lo hacen muy bien porque son semillas de vida, verdad y amor, que con su buena voluntad cultivan y construyen permanentemente a la UVM, que están preparándose para gestionar mejor la institución, que saben que el accionar académico es perfectible y no una verdad absoluta, que la tolerancia, el trabajo en equipo, la discusión abierta y el diálogo institucional, es la mejor forma de construir el aprendizaje que nos impone la visión y la misión Uvemista, y eso es un seguro para que su gestión en el Vicerrectorado sea un triunfo.
Siempre fui respetuoso de la libertad en la gestión de cada uno de ellos, aprendí a aceptar con mucha tolerancia la impronta que cada uno impone a su ritmo de trabajo, creo que eso es un buen dato que me atrevo a dar, sin pretensión de consejero. Todos los programas académicos y de extensión que se llevan adelante están bien encaminados. Todos fueron mi pasión, lucha y alegría, pero la Escuela de Liderazgo y Valores con su metodología de aprendizaje abierto, la Red de Escuelas Rurales Emprendedoras (RERE) con su bibliomula, la Cátedra de Aprendizaje Innovador “Walter Valero”, con el ideal de formación docente y la Pastoral Universitaria con su anclada etapa de promoción, han sido en estos últimos años a los que más interés y calor le he dado. Y en ese orden, quisiera pedirle a la Vicerrectora entrante que considerara la posibilidad de dejarme consolidar el más reciente de los proyectos del Vicerrectorado: el Programa de Acreditación por Experiencias (PAPEX-UVM), que es un diseño curricular que valora el conocimiento y la experticia de años de trabajo y experiencias directas de la vida, para validarlas en el estudio formal. Permítame terminar de fortalecerlo junto a Héctor Barazarte, y al término de la primera cohorte se lo entrego totalmente.
Antes de terminar, quisiera expresar que esta idea central en las palabras de entrega del Vicerrectorado, de José Luis Briceño a María Teresa Bravo, es tratar de hacer un compendio de la Buena Noticia de la UVM; sin pretender obviar lo débil, inconcluso, o no resuelto, o tratar de esconder lo que no pude hacer, esa no es la actitud. Por ello busqué en los documentos de la iglesia católica, algo que me ayudara a reafirmar a través de mi fe cristiana esta entrega. Entonces encontré, en una carta de San Pablo a los filipenses, lo que deseaba, que les pido que hagan la extrapolación a la gestión académica que realicé. Pablo exhorta a los filipenses y les dice: “todo lo que sea verdadero, todo lo respetable, todo lo justo, todo lo limpio, todo lo estimable, todo lo de buena fama, cualquier virtud o mérito que haya, eso téngalo por suyo”.
Por último, una gratitud a todos ustedes por ayudarme al trabajo de consolidar el Pilar Académico. A Doris Ruiz mi consideración eterna por su apoyo tan valioso. ¡A todos un Dios se lo pague!
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